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Reflexiones de José Manuel Gómez Muñoz

REFLEXIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

Por José Manuel Gómez Muñoz. Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

Un modelo de gestión nueva para nuestra universidad es un imperativo categórico demasiadas veces aplazado por una inercia ciega que nadie parece querer parar. Tener buenos gestores no es fácil en una universidad cada vez más burocratizada y refractaria a los avances del progreso tecnológico. Puede sonar a paradoja, pero es una realidad inquietante que todos padecemos: cuanto más sofisticada es la herramienta informática, más horas de trabajo hemos de emplear en su uso y menos tiempo nos queda para lo auténticamente importante, la investigación y la docencia.

Los profesores nos ahogamos en los procesos burocráticos vinculados a la gestión académica. El trabajo está mal estructurado en nuestra universidad, lo que causa una frustración generalizada a la que nadie es capaz de poner freno. Se necesitan reformas urgentes que garanticen que el personal de administración y servicios pueda desarrollar sus potencialidades profesionales en la mejora de las dos actividades matrices que dan sentido a la institución universitaria: la investigación y la docencia. Ninguna de esta dos actividades sería posible sin una gestión administrativa aplicada y finalista, pero, singularmente en nuestra universidad, los profesores hemos asumido una ingente cantidad de tareas burocráticas que ocupan buena parte del tiempo que pasamos fuera de las aulas, las bibliotecas o los laboratorios. Dirigir un Departamento o ser secretario/a del mismo puede suponer la paralización de la actividad académica de un profesor durante varios años. Cumplimentar la documentación administrativa de un programa o proyecto docente, hacer el seguimiento económico de un proyecto de investigación, o luchar a diario contra la plataforma de enseñanza virtual, se convierten en tareas agotadoras que terminan consumiendo las energías intelectuales de cualquier docente o investigador.

Se requiere un análisis profundo de las quiebras del sistema de organización del trabajo en la universidad. Hace falta sentar al personal de administración y servicios y a los profesores frente a frente, estudiar sistemáticamente las ineficiencias de los procesos administrativos, depurar aquellas actividades redundantes o superfluas, comprometer a los gestores administrativos con la función docente e investigadora, establecer el reconocimiento del rendimiento y la productividad administrativa, garantizar la promoción profesional vertical y horizontal del personal de administración y servicios sobre la base de procesos formativos útiles. Todo ello requiere poner los procesos informáticos al servicio de los profesionales de la administración y de los docentes e investigadores, lo que implica invertir el actual estado de cosas. Cuando la burocracia sólo sirve a la burocracia, la gestión universitaria deja de prestar el servicio que la sociedad reclama permanentemente.

Por ello resulta ineludible modificar el actual modelo de selección de gestores en nuestra universidad, empezando por el rector y terminando por el último de los empleados públicos de la institución. Abrir a toda la comunidad universitaria el proceso de elección de rector permite una selección natural de los mejores frente al actual modelo de cooptación, en el que el único mérito exigible es haber sido anteriormente vicerrector. Configurar los mejores equipos sobre la base de la competencia profesional y no sobre las afinidades personales, permite poder abordar con alguna garantía de éxito todos estos procesos de reforma inaplazables. Dar al personal de administración y servicios la potestad de poder dirigir secretariados constituye un método válido para profesionalizar la gestión universitaria. Trabajar en red y de forma cooperativa, olvidando los caducos sistemas piramidales y jerárquicos de gestión, permite extraer las mejores ideas y capacidades del capital humano de esta universidad, que es grande e infravalorado a la vez. Determinar objetivos específicos por cada unidad administrativa contribuye a la mejora de la productividad y al reconocimiento de la valía profesional de cada persona. Negociar los procesos, simplificar los trámites, reconducir la gestión informática, requiere de gestores con capacidad y empatía para oír y elegir la mejor opción.

Finalmente, hay que dignificar la función sindical en nuestra universidad, imprescindible para el desarrollo de las potencialidades del personal al que representa. Hay que implicar de forma directa a las organizaciones sindicales en el rediseño de la gestión administrativa y de la carrera profesional. Hay que escuchar todas las posiciones sobre cada problema, saber encontrar la síntesis, saber negociar bajo márgenes estrechos de maniobra, hay que implicar a los sindicatos en la responsabilidad del gasto y abrir mecanismos permanentes de información y consulta.

Ahora podemos tener una oportunidad para empezar a modificar este statu quo de autocomplacencia y falta de autocrítica que viene caracterizando a los equipos de gobierno de la Universidad de Sevilla. Pero ello requiere que empecemos por convencer a nuestros claustrales de que el modelo actual se encuentra agotado y de que se impone un cambio real de rumbo.

Habla con tus representantes en el claustro universitario. Pídeles que reflexionen sobre el modelo de universidad que queremos. Exígeles que sean consecuentes con la necesidad de garantizar un futuro mejor para todos.

 

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