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Reflexiones de César Moreno Márquez

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27 noviembre, 2015

UNA UNIVERSIDAD MAYOR DE EDAD Y DE USO PÚBLICO.

César Moreno Márquez (Catedrático de Filosofía)

«Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, incipe

[Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza]»

(Horacio, Epístola II del Epistularum liber primus)

Hace unos días preguntaba a mis alumnos de primero del Grado de Filosofía por aquel famoso dictum aducido por Kant que tan genialmente resume el espíritu de la Ilustración. Sólo recordaban su primera parte. Me decían, no sin cierta timidez: Sapere aude! (que, si no hemos olvidado el latín, significa ¡Atrévete a saber!), y yo les respondía que le faltaba a ese atrevimiento u osadía algo decisivo para Kant: completar ese saber añadiéndole “por ti mismo”: atrévete a usar tu propia razón.

Por diversos motivos, vuelvo estos días a releer ¿Qué es la Ilustración? Estoy seguro de que a pesar de la distancia en el tiempo, después de los doscientos treinta y un años transcurridos desde 1784, a quien se acercara al opúsculo de Kant volvería a sorprenderle con fuerza (diría que casi como el primer día, quizás porque aún quisiera ir de ida, no de vuelta, como va el Hombre-Quemado) la intensa actualidad del desafío que se nos lanzó desde la lejana Königsberg. Lejos de incumbir únicamente a los filósofos, afecta al núcleo más íntimo de la formación del ser personal y del deseo-de-saber, sobre todo en el ámbito de los estudios superiores universitarios y, más globalmente (quisiera enfatizarlo aquí y ahora, por lo que nos incumbe en nuestra responsabilidad), al arco tensado hacia el futuro que debe seguir siendo, desde Sevilla a Königsberg, la voluntad de ese ideal que llamamos Occidente.

Al comienzo de su texto Kant lo deja demasiado claro:

«La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración».

En el texto, “propia” figura en cursiva. Este “propia” de la razón siempre es a la vez mi derecho y mi deber, pudiéndose declinar en singular o en plural. Tal como la piensa o sueña Kant, la razón de la Ilustración, o es propia, o no es razón ni ilustrada, y sólo así puede llegar a ser una razón común o compartida. No podemos dejar que Otro piense en nuestro lugar. Mejor dicho: no debemos creer y consentir –y menos propiciar- que “Otro” pudiese pensar por mí o por nosotros. Seguía luego Kant diciendo que

«La pereza y la cobardía son causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la Naturaleza los liberó de ajena tutela […]; también lo son de que se haga tan fácil para otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo no estar emancipado! Tengo a mi disposición un libro que me presta su inteligencia, un cura de almas que me ofrece su conciencia, un médico que me prescribe las dietas, etc., etc., así que no necesito molestarme. Si puedo pagar no me hace falta pensar: ya habrá otros que tomen a su cargo, en mi nombre, tan fastidiosa tarea. Los tutores, que tan bondadosamente se han arrogado este oficio, cuidan muy bien que la gran mayoría de los hombres (y no digamos que todo el sexo bello) considere el paso de la emancipación, además de muy difícil, en extremo peligroso. Después de entontecer sus animales domésticos y procurar cuidadosamente que no se salgan del camino trillado donde los metieron, les muestran los peligros que les amenazarían caso de aventurarse a salir de él. […] Es, pues, difícil para cada hombre en particular lograr salir de esa incapacidad, convertida casi en segunda naturaleza. Le ha cobrado afición y se siente realmente incapaz de servirse de su propia razón, porque nunca se le permitió intentar la aventura. Principios y fórmulas, instrumentos mecánicos de un uso, o más bien abuso, racional de sus dotes naturales, hacen veces de ligaduras que le sujetan a ese estado».

Tras referirse a la «libertad de hacer uso público de su razón íntegramente», decía Kant que, sin embargo,

«oigo exclamar por todas partes: ¡Nada de razones! El oficial dice: ¡no razones, y haz la instrucción! El funcionario de Hacienda: ¡nada de razonamientos!, ¡a pagar! El reverendo: ¡no razones y cree! […]. Aquí nos encontramos por doquier con una limitación de la libertad. Pero ¿qué limitación es obstáculo a la ilustración? ¿Y cuál, por el contrario, estímulo? Contesto: el uso público de su razón le debe estar permitido a todo el mundo y esto es lo único que puede traer ilustración a los hombres».

Kant entendía por uso público el que cualquiera pudiera hacer como persona racional y mayor de edad. Y aducía algunos ejemplos. El que más me importa, en la brevedad que la presente circunstancia me exige, es el que se refiere a la diferencia entre ser maestro, o maestra, y funcionario, o funcionaria. En este sentido, creo que es a la condición de ser maestra, más que a la de ser meramente funcionaria, a la que se debe la Universidad en que creo, como espacio radical, más que cualquier otro, de pluralismo, apertura y libertad. No quisiera figurarme (en palabras de Kant) una Universidad funcionaria o servil, automática, pasiva, artificialmente unánime o dirigida y obediente.

* * *

No me extenderé más. Kant ha sido sólo un buen pretexto. Me  parece inconcebible la idea de una Universidad no comprometida a fondo con la aventura del amor al saber (es decir, en un sentido profundo y englobante, filo-sóficamente comprometida) en todas sus expresiones, sin excepción; que no favorezca incondicionalmente la razón propia en su uso público y que no defienda a toda costa todas y cada una de las ocasiones, espacios y tiempos propicios para la reflexión que debe acompañar sus decisiones y proyectos.

Creo que así debe ser en todos los niveles de la comunidad universitaria, cada uno con su propia tarea y responsabilidad. En este sentido, y como ejemplo (pero no el menor de los ejemplos, desde luego, sino como un ejemplo-proa o estandarte, o como ejemplo capital), un claustro que no favoreciese el reflejarse e interactuar recíprocos que debiera darse, en el momento de la elección del Rector o de la Rectora, entre la máxima expresión de la comunidad universitaria y la propia Rectora o el Rector que hubiera de ser elegida o elegido para que se pusiera generosamente a la vez a su servicio y al frente de la misma, ese Claustro se desviaría gravemente (como una extravagancia o una aberración) tanto de la razón propia común como del uso público de la razón y las ideas que cabe desear para, y esperar de, la Universidad. Máxime cuando esa exigencia de reflexión y acogida recíproca entre toda la comunidad universitaria y su Rector/Rectora ha sido deseada y demandada –y aplazada, y escamoteada- en tantas ocasiones. Es la comunidad universitaria la que debe desear y exigir que la Rectora o el Rector sea suya o suyo mayoritariamente, en la medida de lo posible (en definitiva, yo quisiera tener la suerte de poder decir: mi rectora, o mi rector), y no de quienes en el claustro, más o menos mayoritariamente, y por una delegación muy legal pero a veces sin suficientes garantías, pudieran elegirle. Parte importante del prestigio de un Claustro plausible debería estar en función de su genuina representatividad (lo que resulta ser una tarea cotidiana) y de esta generosidad primordial y extra-ordinaria de ceder el Primer-Poder-de-Elegir, capaz de desmentir cualquier sospecha que pudiera suscitar la apropiación de un poder con una eficacia tan decisiva como la elección del Rector –o de la Rectora. Sólo un claustro generoso en este sentido, y sin complejos estaría en condiciones de ganarse la confianza de toda la comunidad universitaria.

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César Moreno Márquez (1961) fue becario de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia entre los años 1985 y 1987. Obtuvo la titularidad de Filosofía en 1990 y fue habilitado como Catedrático de Filosofía en 2008. Fue presidente de la Sociedad Española de Fenomenología entre 1998 y 2006. Dirige en la actualidad, desde Febrero de 2014, Apeiron. Seminario de Filosofía.

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Reflexiones de Francisco J. Salguero Lamillar

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28 octubre, 2015

La universidad como medio y como fin

La universidad es una de las instituciones más antiguas de occidente, heredera de otros modelos y formas de transmisión del conocimiento, los saberes y la cultura que la precedieron. En cualquier civilización, en todas partes del mundo, la herencia del conocimiento adquirido ha pasado de una generación a otra como uno de los bienes más preciados. Hoy día, sin la universidad no se concibe el progreso científico y técnico de nuestras sociedades actuales ni los niveles de cultura y bienestar de los que gozamos quienes tenemos la suerte de vivir y trabajar en lo que llamamos el primer mundo.

La universidad pública es, además, un servicio fundamental para los ciudadanos, ya se sirvan de él directamente, como los alumnos que reciben su formación en ella, o indirectamente, como los usuarios de los servicios que sus profesionales egresados de todo tipo ofrecen al conjunto de la sociedad. El acceso a la ciencia y la cultura, así como la formación necesaria de los profesionales más cualificados, sería difícil e, incluso, imposible para una gran mayoría de la población si las universidades públicas desaparecieran o dejaran de serlo en la práctica por un encarecimiento desmedido de tasas.

Por supuesto, la universidad es elitista, solo una elite accede a los estudios universitarios en todos los países del mundo, también en el nuestro. Pero la existencia de las universidades públicas garantiza que los criterios de selección de esta elite se basen en la capacidad y el mérito de los que a ella acceden, y no en criterios ideológicos, económicos o de mero estatus social. Así es como funcionan las universidades públicas en los sistemas democráticos y de derecho en que reciben los apoyos sociales y financieros necesarios por parte del estado.

Tuve la suerte de acceder al sistema universitario español hace más de treinta y cinco años gracias a la política de becas de aquella época. De otro modo, mi familia no habría podido permitirse costear mis estudios. Desde entonces trabajo para devolver todo lo que la universidad pública me ha dado, que ha sido mucho en estos años, primero como estudiante y luego como docente e investigador. Trabajo y lucho día a día porque la Universidad de Sevilla, donde trabajo, sea mejor y más competitiva, porque mis alumnos obtengan una formación valiosa y real que supere en el futuro la que mis maestros me dieron, para que mis hijos y mis nietos vivan en una sociedad mejor, más libre, más fraternal que la me dejaron mis padres y abuelos.

La universidad pública es una parte muy importante de cualquier proyecto de país que tenga como objetivo el bienestar de sus ciudadanos y la solidaridad con esas otras regiones del mundo en las que aún no se han alcanzado los niveles de vida que todos queremos para nosotros mismos. Los profesores de la universidad pública formamos a las generaciones que en el futuro tendrán la obligación moral de hacer del mundo un lugar mejor y más justo, la obligación de alcanzar las metas científicas para las que los seres humanos estamos capacitados, la obligación, en suma, de difundir el conocimiento y los valores artísticos y culturales que nos definen como especie y como individuos.

Por todo ello, apoyaré siempre aquellos modelos de universidad pública que hagan de esta un servicio real y verdadero para la sociedad, que la conciban como parte fundamental del sistema científico de nuestro país y como garante de las libertades de pensamiento y expresión que hemos conseguido entre todos en el estado de derecho. Apoyaré un proyecto para la Universidad de Sevilla que la catapulte a lo más alto de las ciencias humanas y sociales, a lo más avanzado de los desafíos científicos y técnicos que se presentan ante las sociedades humanas para los próximos años, pero sin perder de vista su carácter de servicio a los ciudadanos, que la hace necesaria e imprescindible para todos. Apoyaré un proyecto que democratice al máximo las estructuras de la Universidad de Sevilla mediante la participación de cada uno de los estamentos involucrados y también de la sociedad sevillana y las instituciones municipales, regionales, nacionales e internacionales que deben colaborar en que nuestra universidad se convierta realmente en la institución que merece ser por su potencial humano y por su historia. Apoyaré, en definitiva, la candidatura de Adela Muñoz como Rectora de la Universidad de Sevilla, porque con ella comparto objetivos, entusiasmo y la idea de una universidad pública, abierta y democrática que sea un instrumento regenerador de la sociedad en que vivimos.

Francisco Salguero Lamillar
Profesor Titular de Lingüística General acreditado a catedrático en 2013

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ClaraGrima

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Reflexiones de Clara Grima

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27 noviembre, 2015

¿Y la divulgación qué?

Me ha hecho mucha ilusión que Adela me haya invitado a escribir en su página. En el tiempo que la conozco he podido comprobar que es una mujer brillante y luchadora, no solo por su carrera universitaria sino por la visibilidad de la ciencia y de las mujeres. El tema sobre el que tenía que escribir quedaba a mi elección así que, puesto que últimamente he coincidido con ella en ‘saraos’ de divulgación y coincidiendo con su valiente paso adelante presentándose como candidata a rectora de nuestra universidad, he decidido hablar sobre eso, sobre la divulgación científica (a la que dedico bastante tiempo desde hace cuatro años) en general, y la divulgación desde la Universidad en particular.

¿Es necesaria la divulgación de la Ciencia? Me atrevería a decir que más que nunca. Sí, a lo mejor estoy exagerando, pero voy a tratar de explicarme. En pleno siglo XXI, inmersos hasta las trancas en tecnologías procedentes de avances científicos (con probabilidad casi 1 usted está leyendo esto en un ordenador o en su smartphone), una podría esperar (puede que también peque de ingenua) que la sociedad fuese cada vez más escéptica y más crítica con todo aquello que no estuviese respaldado por evidencias científicas. Una podría esperar que en este siglo, tecnológico y avanzado, hubiesen quedado atrás creencias mitológicas, horóscopos e interpretadores de cartas. Pero la realidad, que abofetea que da gusto, nos muestra que no solo se mantienen estas sino que unas nuevas ‘religiones para modernos’ invaden nuestra sociedad con argumentos anti vacunas, medicinas homeopáticas (lo cual no deja de ser un oxímoron), poderes curativos con imposición de manos o argumentos de culpabilidad para los enfermos con bioneuromoción y otras gaitas. Y lo malo de estas creencias modernas es que, al contrario que el horóscopo por ejemplo, ponen en peligro la salud pública como ha quedado, desgraciadamente, demostrado este año. No es este el único pero sí uno de los motivos más importantes por lo que creo necesaria la divulgación de la Ciencia. Y, aunque no sea estrictamente necesario, estaría bien que instituciones como las universidades lideraran parte de esta divulgación, toda vez que en ellas se hace gran parte de la investigación científica de este país. O sea que, resumiendo este párrafo, la divulgación científica tiene, entre otras, como meta preservar a la sociedad de charlatanes que ponen en peligro su salud. O su dinero. Ya saben aquello de que tres cosas hay en la vida… Lo del amor es más complicado pero sí que la divulgación de conceptos básicos de matemáticas (ahora barro para mi casa) puede contribuir a alertar al ciudadano de estafas, injusticias y falacias muy extendidas entre la población. En definitiva, el conocimiento de la ciencia puede contribuir a formar ciudadanos más libres y menos manipulables.

Esta es la parte más seria de la divulgación científica pero tiene otros aspectos, muchos, igualmente interesantes. Por ejemplo, creo que la divulgación de la ciencia genera, gracias a las nuevas tecnologías y al altruismo de internet, un material de apoyo y consulta para los profesores de primaria, secundaria y bachillerato que puede ser usado para actualizar y mejorar los contenidos en sus clases. Ya sé que estos profesionales han cursado una licenciatura o un grado pero, como para todos, el período de formación no termina nunca. En ese sentido, los textos, vídeos, podcasts de divulgación científica proporcionan, a mi entender, una forma barata y eficiente de actualizar o ampliar conocimientos.

Por otra parte, en el caso de la divulgación hecha desde la universidad, es una cuestión de justicia social: la mayoría de los fondos que nos permiten trabajar provienen de fondos públicos, así como nuestros salarios. Es, por tanto, necesario que le digamos a la sociedad en qué gastamos esos dineros que nos hacen llegar. Pero no solo se trata de difundir los propios resultados, creo que en señal de agradecimiento del esfuerzo que realiza la sociedad con nosotros debemos intentar ir más allá de nuestra labor docente reglada y hacer llegar lo mucho o poco que sabemos por diversos temas a personas alejadas de nuestras aulas. No digo que se trate de una obligación ni mucho menos pero, como dice mi madre (que no solo nunca asistió a la universidad sino tuvo que dejar el colegio con nueve años para mantener a su familia y es de quien más cosas he aprendido en esta vida), es de bien nacidos el ser agradecidos.

La penúltima razón que voy a esgrimir a favor de la divulgación científica puede que sea egoísta, pero no por ello deja de ser una razón. Un grave problema al que se enfrenta la sociedad española es que no se valora la importancia de la ciencia, no hay más que leer el último informe de la FECYT sobre la percepción social de la ciencia y la tecnología. Si mostramos a la sociedad la belleza y, sobre todo, la trascendencia de la Ciencia podemos convencerlos de la importancia de la misma y de la necesidad de inversión en ella. Podríamos hacerles reaccionar ante la política de recortes en investigación que se están llevando a cabo en España desde hace años y sobre el derroche que significa para un país en crisis invertir en la formación de investigadores que tienen que abandonarlo, una vez formados con nuestros impuestos, y trabajar allí donde sí han entendido aquello de que no son los países ricos los que invierten más en Ciencia sino que los que invierten más en Ciencia son más ricos por ello. Desde luego no creo que esto se perciba así por parte de la sociedad española en general y ello motiva que los recortes en ciencia no causen casi nunca ninguna alarma social. Si conseguimos hacer llegar al gran público de la importancia de la ciencia para el bienestar general y para conseguir una economía robusta, todos saldremos beneficiados y la Universidad y sus investigadores serán los primeros.

Por último, pero no por ello menos importante, porque la ciencia es bella. Cualquier descubrimiento científico, cualquier aplicación a la tecnología es, casi siempre, una historia maravillosa y apasionante que contar. Me resulta difícil creer que alguien no se asombre ante los descubrimientos y avances de la ciencia. Y, además, con el panorama político y social que nos está tocando vivir, de lo único que se puede leer sin que la rabia, el dolor o la impotencia nos consuma, es sobre ciencia.

Llegados a esta línea creo que queda claro que estoy claramente a favor de la divulgación de la ciencia desde las universidades, pero ¿quién? ¿A cambio de qué? La segunda pregunta tiene sentido tras responder a la primera: no creo que sea una obligación de todos los profesores universitarios divulgar sobre ciencia, no. Al menos, no por ahora. En ese caso, si no todos lo hacen, si no es obligatorio, ¿por qué tendrían que hacerlo unos sí y otros no? La respuesta, hoy en día, es por gusto, por satisfacción personal, básicamente. No hay ningún reconocimiento a día de hoy por parte de la universidad. Es más, hay veces que sientes que algunos compañeros lo ven como un demérito. Así que termino estas líneas aprovechando la tribuna que se me presta para pedir a la próxima rectora (o al próximo rector) que, aunque la universidad tiene muchos asuntos más urgentes e importantes, haga todo lo que esté en su mano por conseguir algún tipo de reconocimiento para los que hacemos divulgación.

Mucha suerte, Adela.

Clara Grima

Catedrática de Escuela Universitaria, Departamento de Matemática Aplicada I

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Reflexiones de José Manuel Gómez Muñoz

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28 octubre, 2015

REFLEXIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

Por José Manuel Gómez Muñoz. Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

Un modelo de gestión nueva para nuestra universidad es un imperativo categórico demasiadas veces aplazado por una inercia ciega que nadie parece querer parar. Tener buenos gestores no es fácil en una universidad cada vez más burocratizada y refractaria a los avances del progreso tecnológico. Puede sonar a paradoja, pero es una realidad inquietante que todos padecemos: cuanto más sofisticada es la herramienta informática, más horas de trabajo hemos de emplear en su uso y menos tiempo nos queda para lo auténticamente importante, la investigación y la docencia.

Los profesores nos ahogamos en los procesos burocráticos vinculados a la gestión académica. El trabajo está mal estructurado en nuestra universidad, lo que causa una frustración generalizada a la que nadie es capaz de poner freno. Se necesitan reformas urgentes que garanticen que el personal de administración y servicios pueda desarrollar sus potencialidades profesionales en la mejora de las dos actividades matrices que dan sentido a la institución universitaria: la investigación y la docencia. Ninguna de esta dos actividades sería posible sin una gestión administrativa aplicada y finalista, pero, singularmente en nuestra universidad, los profesores hemos asumido una ingente cantidad de tareas burocráticas que ocupan buena parte del tiempo que pasamos fuera de las aulas, las bibliotecas o los laboratorios. Dirigir un Departamento o ser secretario/a del mismo puede suponer la paralización de la actividad académica de un profesor durante varios años. Cumplimentar la documentación administrativa de un programa o proyecto docente, hacer el seguimiento económico de un proyecto de investigación, o luchar a diario contra la plataforma de enseñanza virtual, se convierten en tareas agotadoras que terminan consumiendo las energías intelectuales de cualquier docente o investigador.

Se requiere un análisis profundo de las quiebras del sistema de organización del trabajo en la universidad. Hace falta sentar al personal de administración y servicios y a los profesores frente a frente, estudiar sistemáticamente las ineficiencias de los procesos administrativos, depurar aquellas actividades redundantes o superfluas, comprometer a los gestores administrativos con la función docente e investigadora, establecer el reconocimiento del rendimiento y la productividad administrativa, garantizar la promoción profesional vertical y horizontal del personal de administración y servicios sobre la base de procesos formativos útiles. Todo ello requiere poner los procesos informáticos al servicio de los profesionales de la administración y de los docentes e investigadores, lo que implica invertir el actual estado de cosas. Cuando la burocracia sólo sirve a la burocracia, la gestión universitaria deja de prestar el servicio que la sociedad reclama permanentemente.

Por ello resulta ineludible modificar el actual modelo de selección de gestores en nuestra universidad, empezando por el rector y terminando por el último de los empleados públicos de la institución. Abrir a toda la comunidad universitaria el proceso de elección de rector permite una selección natural de los mejores frente al actual modelo de cooptación, en el que el único mérito exigible es haber sido anteriormente vicerrector. Configurar los mejores equipos sobre la base de la competencia profesional y no sobre las afinidades personales, permite poder abordar con alguna garantía de éxito todos estos procesos de reforma inaplazables. Dar al personal de administración y servicios la potestad de poder dirigir secretariados constituye un método válido para profesionalizar la gestión universitaria. Trabajar en red y de forma cooperativa, olvidando los caducos sistemas piramidales y jerárquicos de gestión, permite extraer las mejores ideas y capacidades del capital humano de esta universidad, que es grande e infravalorado a la vez. Determinar objetivos específicos por cada unidad administrativa contribuye a la mejora de la productividad y al reconocimiento de la valía profesional de cada persona. Negociar los procesos, simplificar los trámites, reconducir la gestión informática, requiere de gestores con capacidad y empatía para oír y elegir la mejor opción.

Finalmente, hay que dignificar la función sindical en nuestra universidad, imprescindible para el desarrollo de las potencialidades del personal al que representa. Hay que implicar de forma directa a las organizaciones sindicales en el rediseño de la gestión administrativa y de la carrera profesional. Hay que escuchar todas las posiciones sobre cada problema, saber encontrar la síntesis, saber negociar bajo márgenes estrechos de maniobra, hay que implicar a los sindicatos en la responsabilidad del gasto y abrir mecanismos permanentes de información y consulta.

Ahora podemos tener una oportunidad para empezar a modificar este statu quo de autocomplacencia y falta de autocrítica que viene caracterizando a los equipos de gobierno de la Universidad de Sevilla. Pero ello requiere que empecemos por convencer a nuestros claustrales de que el modelo actual se encuentra agotado y de que se impone un cambio real de rumbo.

Habla con tus representantes en el claustro universitario. Pídeles que reflexionen sobre el modelo de universidad que queremos. Exígeles que sean consecuentes con la necesidad de garantizar un futuro mejor para todos.

 

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Reflexiones de Francisco Vega Narváez

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25 octubre, 2015

Conocí a Adela Muñoz hace unos meses, antes de saber que tenía en mente presentarse a las elecciones a Rector/a de la Universidad de Sevilla. De haberlo sabido probablemente no me hubiera puesto en contacto con ella, habría pensado que era una persona muy ocupada, que de hecho lo es, y que alguien perteneciente al Personal de Administración y Servicios sin ningún tipo de relación con su trabajo no iba a despertar su interés. Pero la llamé, sin que nadie nos presentara, simplemente descolgué el teléfono y le pedí un favor.

Los Consejos Sociales de la Universidad de Sevilla y Pablo de Olavide habían organizados conjuntamente un ciclo de conferencias bajo el título “Mujeres a Ciencia Cierta”.

Dicho evento tenía como objetivo sacar del anonimato a algunas de las mujeres que en el pasado dedicaron su vida a la ciencia de forma brillante, así como dar a conocer a los estudiantes y a la sociedad en general la vida y la obra de las mujeres que actualmente hacen contribuciones significativas en varios campos de la ciencia (Sic. Portal de Comunicación de la US)

No pude asistir a las conferencias, pero al menos quería conseguir una copia de ellas. El nombre de Adela aparecía varias veces en el cartel que anunciaba dicho ciclo. Hacía la introducción, era una de las conferenciantes, y participaba en la mesa redonda. Me pareció la persona idónea para que me consiguiera los guiones de las conferencias. Cuando se lo pedí me dijo que estaba preparando un documento con esos guiones y que se iba a publicar en el Portal de Comunicación de la US, pero que no tenía inconveniente en enviarme el borrador con el que estaba trabajando. Aproveché para contarle un proyecto propio relacionado con la visualización de la mujer en la Ciencia. Y le gustó, me hizo indicaciones muy oportunas sobre él, me sugirió fuentes de información, personas que me podían ayudar, organismos que podían sentirse interesados en colaborar en el proyecto. En definitiva, me dedicó su tiempo y sus conocimientos sin ser más que una voz desconocida al teléfono.

Adela Muñoz lleva muchos años dedicando parte de su tiempo a visualizar a las mujeres científicas, a las mujeres del tercer mundo, y yo, como padre, como miembro de la comunidad universitaria y como miembro de la Sociedad, se lo agradezco enormemente.

Desde distintos organismos nacionales e internacionales se están destinando muchísimos recursos a estudiar e intentar paliar el que parte de la población mundial no escoja estudios relacionados con la ciencia, o que si lo hace, su presencia en la dirección de proyectos o centros de investigación sea minoritaria. Esa parte de la población que no accede a estos estudios son las mujeres. Y lo peor es que no se tiene claro cuál es el porqué de esta situación. En lo que coinciden muchos estudios es que la falta de modelos femeninos en estas carreras universitarias o en la dirección de proyectos o centros de investigación ahonda este problema. Es necesario visualizar a las mujeres que estudian ciencias, que dirigen proyectos científicos, que lideran centros de investigación o grandes empresas tecnológicas.

En Ciencia, como en tantas otras cosas, las personas que hacen aportes interesantes o incluso extraordinarios, lo hacen por su inteligencia, por su capacidad de trabajo, su pasión, pero en ningún caso por su sexo.

Creo que Adela Muñoz tiene mucho que aportar a esta universidad, tanto en su faceta de PDI como en la posibilidad de que sea Rectora.

Francisco Vega Narváez.

Técnico especialista de laboratorio, miembro del PAS de la US.

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Reflexiones de Sebastián Chavez de Diego

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28 octubre, 2015

Reflexiones sobre la universidad

Me pide Adela Muñoz que escriba mis reflexiones personales sobre la universidad y accedo con gusto porque la universidad española necesita repensarse y rediseñarse. Nuestras universidades siguen siendo instituciones organizadas y gobernadas con estructuras del siglo XX, pensadas para superar el periodo de la dictadura, mientras que el mundo en que se insertan tiene ya poco que ver con aquel tiempo. Al operar como hace 40 años, la universidad española contribuye a anclar la sociedad en su pasado en lugar de proyectarla hacia el futuro, lo que debería ser una de sus funciones esenciales.

Un buen ejemplo es nuestra actividad docente, protagonizada aún hoy por el trinomio clase magistral + apuntes + examen. ¿Podemos seguir enseñando ajenos a la revolución del conocimiento globalizado? Parece como si asumiéramos nuestro papel en una representación teatral en la que hacemos participar al estudiante con el señuelo de un título adquirible en cómodos plazos. ¿Hasta cuándo aguantarán nuestros estudiantes esa representación? Visiten www.edx.org y concluirán que no falta mucho para que las empresas empiecen a dar prioridad a un diploma EdX, con el marchamo de Harvard, Stanford o el MIT, frente a nuestros títulos “oficiales”.

Las universidades locales podemos ofrecer algo muy valioso que los “massive open online courses (MOOC)” no tienen: la gran oportunidad del contacto directo profesor/estudiante, la cercanía al profesor que es además un investigador que explora los límites de su campo de conocimiento. Pero si malgastamos esa ventaja en clases magistrales con formato medieval, y relegamos la investigación a una actividad burocratizada, la sociedad no tardará mucho en mandarnos a paseo.

Ya sucedió en la edad moderna, cuando muchas universidades españolas, incluida la nuestra, se convirtieron en simples vendedoras de títulos, desconectados de la ciencia del momento y orientadas al mantenimiento de los ingresos de los clérigos que las regían, que consideraban la cátedra una forma particular de canonjía. Aún no estamos ahí, por supuesto, pero el mundo corre a velocidad crecientemente acelerada y nosotros parecemos flotar en un universo diferente, relajados en la seguridad de nuestros ingresos mensuales, pagados puntualmente por nuestros conciudadanos gracias a sus impuestos. Me pregunto si no es ésta una forma encubierta de privatización.

La ley nos otorga a los empleados públicos de la universidad el derecho de administrar de forma autogestionada el presupuesto que los ciudadanos nos confían. Ese pacto solo tiene sentido si demostramos un incansable afán de mejora para ofrecerles una universidad a la altura del tiempo en que vivimos. Creo que la universidad española tiene que experimentar una profunda transformación, pedagógica y organizativa, para no perder la confianza que los ciudadanos han depositado en nosotros, pero dudo de que todos los que conformamos la comunidad universitaria estemos convencidos de la necesidad de esa renovación. Antes o después, los ciudadanos nos lo exigirán.

Sebastián Chávez de Diego

Catedrático de Genética

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Reflexiones de Juan Torres López

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10 noviembre, 2015

CARTA ABIERTA A LOS MIEMBROS DEL
CLAUSTRO DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

 

Aprovechando la invitación de la doctora Adela Muñoz para participar en el debate sobre problemas de nuestra universidad me permito escribir esta carta abierta a los miembros del Claustro de la Univerdsidad de Sevilla.

Cuando me incorporé en 2008 a esta Universidad pude comprobar lo que ya sabía desde mi etapa como Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía, que la nuestra ha sido una de las universidades mejor gestionadas en los últimos años. Los indicadores economicos señalan que tiene solvencia, por más que la crisis haya podido generar problemas (seguramente inevitables) de liquidez. El mapa de titulaciones no es inadecuado, aunque quizá se echa en falta una apuesta más valiente y decisiva por la especialización, y la docencia se lleva cabo con con bastante dignidad, quizá porque la inmensa mayoría del profesorado sigue a Ramón y Cajal cuando decía que a la escasez de medios no se puede responder con miseria de voluntades. Tenemos grupos de investigación de primera línea mundial y la política de construcciones de nuestra universidad (si se dejan aparte algunos errores clamorosos como el de la biblioteca de El Prado) quizá haya sido la que mejor ha aprovechado los recursos para inversiones que la Junta de Andalucía ha puesto a disposición del sistema andaluz de universidades en los últimos 15 años.

Cuando me incorporé a esta universidades enseguida tuve la sensación de que todo funcionaba con presteza y normalidad, como si nadie tuviera que esforzarse para que las cosas se pusieran en marcha. Algo que sólo suele ser propio de las instituciones que son grandes por algo más que por su tamaño, y por eso no tuve duda de que yo también estaba en una gran universidad.

Como es lógico, en estos años también he descubierto errores y cosas que funcionan mal (“el sistema a veces falla”, me dijo en una ocasión con humildad al rector Joaquín Luque). Sólo los consideraría una expresión inevitable de nuestra naturaleza imperfecta si no fuera porque los he percibido en el seno de otros defectos más graves y sobre los que me gustaría llamar la atención a quienes dentro de unos días tienen la responsabilidad de elegir a la persona que gobierne nuestra instituación en los próximos años.

Como he dicho, he percibido que la mayor parte de las cosas funcionan bastante bien en nuestra Universidad y casi como si se hicieran solas, pero también he comprobado que cuando alguna lo hace mal y falla es muy difícil que se rectifique para arreglarla. Lo he podido comprobar, por ejemplo, en el desarrollo de una postgrado como el MAES, tan importante por su función de formar a formadores como por el número de matrículas o por las expectativas e ilusiones que despierta. Todavía no he conseguido explicarme que sea tan difícil corregir los errores de diseño que muchos alumnos y profesores hemos advertido que tiene o que se pongan en marcha soluciones para evitar la frustración y las quejas que viene provocando.

Puesto que he visto fallos de este tipo en otros ámbitos y centros tengo que pensar que no se trata de un problema anecdótico sino el resultado de que nuestra universidad carezca de los procedimientos y sistemas más efectivos para evaluar y rectificar sus propias actuaciones cuando es necesario. Un problema que sin duda se agrava cuando en los órganos teóricamente encargados de controlar las decisiones hay una presencia muy desproporcionada de quienes se encargan de tomarlas, como los miembros del claustro saben mejor que nadie que ocurre en nuestra Universidad.

Pero un problema aún mayor y mucho más preocupante es que, en mi modesta opinión, la democracia está muy limitada en nuestra universidad, por no decir que en algún aspecto es casi inexistente, como muy particularmente ocurre en lo que se refiere a la eleccion de representantes en órganos o de cargos de dirección, y en especial con el más alto de recor o rectora.

En este último y trascendental aspecto la Universidad de Sevilla constituye una auténtica anomalía democrática a la que parece mentira que no se le ponga punto final cuanto antes.

El problema, a mi juicio y en contra de lo que sé que piensan muchos miembros de la comunidad universitaria, no radica sólo en que el rector o rectora se elija por el claustro en lugar de por sufragio universal. La experiencía muestra que hay elecciones poco democráticas por éste último procedimiento y que pueden serlo muy representativas por medio del claustro si éste es es una imagen fiel de la pluralidad y diversidad de interses que hay en la institución.

Por supuesto, creo que la opción entre el claustro y el sufragio universal debería ser debatida y decidida por el conjunto de la comunidad universitaria pero la anomalía democrática a la que me refiero tiene que ver con otras dos circunstancias.

Una, que a mí me parece indefendible, que el Claustro anterior elija al nuevo rector o rectora, algo que no pasa en ninguna democracia representativa que realmente lo sea. Y otra (aunque ésta no exclusiva de nuestra universidad) que el procedimiento imperante para la elección a órganos colegiados impida de facto que las minorías y mucho menos personas aisladas ajenas a los grupos de afinidad dominantes puedan formar parte de ellos. Es eso lo que mengua, a veces hasta el extremo, la representatividad y lo que impide que haya un debate auténticamente plural y un control efectivo de la gestión y del gobierno universitarios. Algo que no deberíamos consentir que siga pasando porque sin representación plural no hay democracia, sin ésta es imposible el debate y sin debate no puede brotar el conocimiento.

Creo, por último, que habernos habituado a esta anomalía, a trabajar, estudiar y enseñar en un estado de democracia limitada, no sólo ha degenerado las formas (qué son imprescindibles para que haya respeto y libertad efectiva) sino que empieza a producir efectos muy preocupantes en los comportamientos y en la toma de decisiones. ¿Cómo sería posible si no que en los últimos días algunos decanatos hayan negado aulas de sus centros para que se celebren reuniones de debate entre universitarios preocupados por la próxima convocatoria electoral? La excusa utilizada (“no estamos en campaña electoral”), como si el debate sobre los problemas de nuestra institución solo debiera celebrarse un par de días o tres cada cuatro años, es tan pueril y contraria al espíritu universitario que me ahorra cualquier tipo de comentario adicional.

Es por todo lo que acabo de exponer que me permito solicitar a todos los miembros de claustro de nuestra universidad que sean responsables y den prioridad a los intereses de la institución optando por “poner los relojes a acero” en cuanto a la democratización de nuestra universidad se refiere. Y, concretamente, les pido que reflexionen y voten solo a los candidatos o candidatas que se comprometan ante ustedes a corregir la anomalía en la que nos encontramos promoviendo urgentemente un cambio de normativa que democratice la elección de todos los cargos y órganos de gobierno y a dimitir a renglón seguido para que la Universidad de Sevila pueda elegir a su máxima autoridad no en condiciones de excepción sino de plena normalidad democrática.

Juan Torres López

Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla

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foto Quina

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Reflexiones de Joaquina Laffarga Briones

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28 octubre, 2015

Diez razones por las que apoyo la candidatura de Adela Muñoz Páez

1. Por su apuesta decidida de hacer de la Universidad de Sevilla una universidad en la que la transparencia y la rendición de cuentas sean un hecho.

2. Por su apuesta decidida de devolver a la Universidad de Sevilla el sufragio universal ponderado para que toda la Universidad pueda participar en un acontecimiento tan relevante como la elección del rector/a.

3. Por su apuesta decidida por la educación pública de calidad.

4. Por su apuesta decidida por la visibilidad y el reconocimiento de las mujeres en la Universidad y la ciencia.

5. Por su excelente calidad científica que no tiene que demostrar por que su CV ya lo acredita.

6. Porque ya va siendo hora de que el rectorado de la Universidad de Sevilla lo ocupe una mujer.

7. Por ser una gran persona, honesta, sobria, con ideas firmes, idealista pero práctica, trabajadora, con sentido común, y con un gran instinto para distinguir lo importante de lo accesorio.

8. Por su carácter positivo y conciliador capaz de aglutinar a muchas personas diferentes en torno a un mismo proyecto.

9. Por su decidida apuesta por el reconocimiento del mérito, de la capacidad, del esfuerzo y del respecto.

10. Por creer firmemente que la Universidad de Sevilla puede cambiar para mejor

Joaquina Lafarga Briones

Catedrática de Economía Financiera y Contabilidad 

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Fatima

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Viaje a ESRF

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28 octubre, 2015

Viaje a ESRF (European Synchrotron Radiation Source) en 2014.

Nos habló por casualidad del ESRF en una clase de inorgánica y nos ofreció hacer un viaje para conocerlo. Al principio lo tomamos a broma pero cuando nos lo volvió a ofrecer, muchos estábamos interesados en ir y conocer un poco más acerca de ese lugar.

Me puse a organizarlo, mirando vuelos, hoteles, miles de combinaciones, lo más barato posible. Dolores de cabeza para organizarlo todo bien y que no hubiera problemas y finalmente llego el día de coger el primer vuelo a Ginebra (Suiza)✈️. 12+1 personas acompañados de Adela, pusimos rumbo a esa ciudad. Nosotros nos quedamos en Ginebra, mientras que la Profe continuó su viaje hacia Grenoble, donde nos esperaría al día siguiente. Camino al hotel, íbamos todos alucinados por la cantidad de coches de alta gama y casas que veíamos a nuestro paso 😂. Ginebra nos recibió con una pequeña y agradable llovizna. Paisajes espectaculares y monumentos únicos.

Tras perder un bus y tener que esperar al siguiente, llegamos a Grenoble, el verdadero destino de nuestro viaje. Como era el 14 de Julio, allí vimos fuegos artificiales de 27 min y sobre todo y lo más importante, la experiencia del ESRF, donde aprendimos como los electrones emitían energía empleada en todo tipo de experimentos científicos. Nos enseñaron cómo funcionaba todo aquello y a pesar de la barrera del idioma para muchos, todos aprendimos bastante. Esta Ciudad nos dejó recuerdos maravillosos, lloramos de la risa, reímos por no llorar de cansancio, nos perdimos de vuelta al hotel, tuvimos una invasión de mosquitos en la habitación y un sin fin de cosas. Nos fuimos con dolores de piernas y espalda, con ampollas en los pies, pero sin duda volvería a repetir el viaje. Y le digo a todas las personas a las que algún día se les ofrezca hacer este maravilloso viaje para acudir a la visita, no lo dudéis, será una experiencia inolvidable.

Al día siguiente de la visita nos levantamos a las 5 de la mañana después de haber dormido escasas 3h y cogimos un tren    que nos puso rumbo a nuestro último destino, Marsella, que nos regaló momentos de diversión y disgustos. Pasamos calor pero el paseo en barco nos vino como anillo al dedo. Subimos a Notre Dame en bus y pensamos que hubiese sido de nuestras piernas si hubiéramos tenido que subir andando. Para cenar pedimos pizzas de distinta clases, pero finalmente fueron todas iguales, jaja. Me hubiese gustado pasar un día más en esta ciudad, pero todo lo bueno se acaba.

Gracias a estas 12 personas que decidieron unirse a este viaje y hacer de él algo inolvidable. Pero sobre todo y lo más importante, gracias a ti, Adela, por comentar esto como una simple curiosidad y hacer de ello posible su visita. Por enriquecer nuestro aprendizaje como futuros químicos y sobre todo como personas.

 

Fátima Ajmal Poley es alumna de cuarto curso del grado en Quimica.

La visita al ESRF realizada el 15 de julio de 2014 fue posible gracias a sus dotes organizativas . No se obtuvo ningún apoyo económico ni de la Universidad ni de la Facultad de Química, cada uno de los alumnos que viajó  pagó sus gastos.

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Reflexiones de Francisco Garrudo

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28 octubre, 2015

UNIVERSIDAD

Universidad es un concepto, un ejercicio de libertad. Solo la verdad nos puede hacer libres. La única manera de alcanzar la verdad en el único universo que conocemos es mediante la ciencia. El dogma hace esclavos acríticos, apensantes, programados…

La ciencia, fruto del esfuerzo acumulado de generaciones, a diferencia del dogma, se autoverifica y revisa constantemente. Ese imparable devenir, enemigo de la inmutabilidad dogmática, hace que esté dinámicamente entrelazada en el tiempo, con el pasado y el futuro. No hay verdades inmutables: hay verdades en el tiempo. Ningún ser humano es su dueño.Todos juntos, en todos los espacios y tiempos, presentes, pretéritos, y por venir la hemos modelado apoyándonos todos en todos.

La universidad representa este concepto del saber compartido y libre. Y quien quiera limitarla tratando de controlar ese imparable dinamismo inherente y anejo a su esencia solo podrá hacerlo en tanto en cuanto los hombres que la conforman pierdan de vista la libertad de su saber y la universalidad de su meta.

Francisco Garrudo

Catedrático en filología inglesa

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